Fotos: Archivo La República, INC, Virgilio Grajeda, Fidel Carrillo, Paul Vallejo.
La ciudad del mar
La nueva imagen que trata de difundir el Callao es otra si la comparamos con la que lucía hace tres años. La ciudad empieza a lucir más limpia y ordenada sus avenidas y plazas están libres ambulantes, se han. instalado ornamentales, jardinerías con una variedad de árboles y papeleras municipales por doquier.
Para el entonces director del Instituto Nacional de Cultura (INC) Hermilio Vega; el terremoto de 1940 marcó el declive de la ciudad. Los chalacos no tuvieron más remedio que empezar a emigrar hasta lo que es hoy Bellavista y poco a poco el puerto se fue hundiendo en la desidia y el olvido.
Turísticamente el Callao tiene mucho que ofrecer, y lo está logrando gracias a la iniciativa del Consejo Provincial, que creó el Comité de Promoción Turística (Coprotur), organismo formado por las instituciones más representativas del primer puerto y el empresariado chalaco, para dar a conocer y promover los atractivos turísticos del primer puerto.
A nuestro paso por la avenida Sáenz Peña pudimos observar cómo vuelven a reunirse viejos chalacos alrededor de las bancas, como solían hacerlo hace años. Se inició nuestro recorrido en el local del INC, ahí nos recibió el director Hermilio Vega quien muy gentilmente nos acompañó durante el recorrido por el Centro Histórico.
A pesar del paso de los años todavía se puede apreciar la bonanza que alcanzó este puerto gracias al auge de la comercialización del guano de las islas. Llegamos a la Plaza del Ovalo. Aquí contemplamos maravillados la fuente ornamental que arroja un chorro de agua en forma de espuma, los 16 reflectores de 400 voltios la convierten en uno de los parques públicos mejor iluminados del país, según nos comentaron autoridades municipales.
La primera grata impresión que tuvimos fue observar la arquitectura de sus balcones, predominantemente de estilo neoclásico y republicano. La Plaza Gálvez fue nuestra primera parada, aquí se aprecian tres tipos de balcones, que según el historiador Juan José Vega son los más hermosos que se pueden apreciar en el puerto, por su arquitectura y diseño. No muy lejos de allí se encuentra la Plaza Matriz con su respectiva iglesia que lleva el mismo nombre. Según Vega en esta plaza existía un manantial que servía para reabastecer de agua a las embarcaciones que llegaban al puerto. Lamentablemente en el año 1830 el río Callao, que alimentaba a la fuente, se secó.
Continuamos por las calle callejuelas chalacas y llegamos a una de las primeras edificaciones que se construyeron allá por el año 1930. Se trata del Pasaje Ronald, que perteneció a la familia del mismo apellido. Hasta hoy se conservan las escaleras de mármol que fueron traídas desde Europa, como también los bustos de diferentes personajes de la historia como Goethe, Mozart, Humboldt; Burns, entre otros. Actualmente el Pasaje Ronald pertenece a la Caja Militar, por lo que el ingreso es restringido.
Los miradores son otra de las características del puerto. Construidos en la azotea de las casonas de las familias adineradas, desde donde contemplaban los hermosos atardeceres, la llegada de las embarcaciones europeas y principalmente el mar que baña sus costas. Aunque la mayoría de ellos han perdido la prestancia que tuvieron en el Siglo XIX, y muchos se encuentran en estado crítico par la falta de mantenimiento, existe un proyecto para la recuperación de los balcones y miradores del Callao, tal como se hizo can el Centro Histórico de Lima. Si bien es cierto que el Callao es la primera provincia constitucional del Perú y la más importante, nunca tuvo una Plaza de Armas como corresponde a toda ciudad importante. Esto se debió a la premura con que fue levantándose, ya que desde un inicio el activo comercio ha sido su principal característica. Además los muchos terremotos que tuvo que soportar atemorizaron a mucha gente, que tuvo que mudarse a Bellavista, que luego fue regresando al puerto a principios de este siglo.
Mientras caminamos entre las calles llenas de historia nuestro guía nos relata que después del gran terremoto que azotó al Callao el 28 de octubre de 1746, se lograron recuperar hasta hoy 134 inmuebles con balcones de estilo neoclásico, republicano, popular, art-Deco y ecléctico, y con una marcada influencia árabe.
Como corresponde a toda ciudad portuaria, las casonas estaban hechas siguiendo algunas características: el primer piso estaba dedicado a las actividades del comercio, almacenaje y aduanaje; los segundos y terceros pisos eran habitados por los propietarios o sus huéspedes que venían de vacaciones por un tiempo prolongado.
Existe en la actualidad varios proyectos para recuperar las casonas, balcones y miradores que con el tiempo se han ido destruyendo. Según el reelecto alcalde del Callao, Alex Kouri, poco a poco se va a recuperar el aspecto colonial que antes tuvieron.
Finalmente llegamos a la Plaza Independencia, ubicada frente a la Fortaleza del Real Felipe, con una extensión de 11 mil 706 metros cuadrados. Su mayor atractivo lo constituye, sin lugar a dudas, una pileta de hierro donada por una compañía inglesa al pueblo del Callao, el siglo pasado. De fabricación alemana, presenta en su diseño características religiosas, marítimas como peces y barcos, y hasta esculturas con influencia egipcia.
Pero en las afueras del cercado, existe un lugar donde se concentran siglos de religiosidad. Estamos hablando de la Iglesia Carmen de La Legua, cuyo nombre se debe al hecho de estar ubicada a una legua del puerto. Su origen se remonta a inicios del siglo XVII. Según el historiador Rubén Vargas Ugarte, los religiosos de San Juan de Dios, llegados a Lima en 1606, tomaron a su cargo el Hospital del Callao; poco después se establecieron en la ermita de la Legua, donde instalaron una posada para los viajeros que iban camino a Lima. Todavía se conserva la imagen de la Virgen del Carmen, recibiendo cada año el culto de sus numerosos devotos.
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